Como dije antes, las diferencias han existido desde el principio de la creación, y no hay dos personas en la tierra que sean idénticas en carácter, pensamiento, objetivos, etc. De la misma manera, no hay dos cónyuges que sean 100% idénticos y compatibles, y lo mismo aplica para los padres y parientes. Lo mismo ocurre con los hijos de una nación y los camaradas de una revolución. Ninguna revolución triunfará a menos que todos los hijos de esta revolución se unan. Pero ¿cómo pueden ponerse de acuerdo si cada uno de ellos difiere del otro en ideas y objetivos? La respuesta es que no se pondrán de acuerdo a menos que se unifiquen los objetivos y cada partido renuncie a algunas de sus ideas hasta llegar al objetivo común que une a los hijos de una misma revolución para lograrlo.
Que vuestros objetivos comunes sean el éxito de la revolución. El éxito de la revolución no significa eliminar un grupo o movimiento específico, ya que esa no es la solución ni es el objetivo de la revolución. El éxito de la revolución no implica el regreso de un expresidente que podría morir hoy o mañana. Ese no es el objetivo de la revolución.
Para que la revolución triunfe, todos los revolucionarios deben unirse. Esto solo ocurrirá si cada partido renuncia a algunas de sus ideas y objetivos y acuerda un único objetivo: cambiar el régimen, no cambiar a las personas.
Dios no cambia la condición de un pueblo hasta que éste cambie lo que hay en sí mismo.